RASÉCANILOM

Your awesome Tagline

0 notas

Cartas No Entregadas. Carta Nº 16. Destinatario: Gio.

Hay personas que por el simple hecho de existir, no queda otra más que amarles.

Ciutat Vella; Valencia, España.

Noviembre de un año después de Dos Mil Ocho.

Sobre la Cornisa de la Finca hacia Mossén Sorell.

Aquí voy de nuevo, haciendo como que no, cuando en realidad es más que un sí.

Un día cualquiera, quizá era martes o quizá fue un jueves, no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo son los aplausos que te di por entrar en mi vida.

Claro, eso tú no lo sabes, pero entraste.

Enciendo un cigarrillo, más que por vicio por ansiedad.

Ansiedad de verte, de escucharte, de unir todos y cada uno de tus lunares con mi lengua.

Ansiedad de tus manos con las mías, de tu cuello sobre mi cuerpo, del qué seremos y del qué pasará.

Ansiedad de ti, siempre de ti.

Soy tan tuyo como los minutos del tiempo, la arena del mar y la duda de lo incierto. Eres tan de mí que al amor lo nombro después de ti.

Eres mi espejo.

—Hola —.me dijo. Y fue entonces que supe con quien quería aprovechar mis noches y mis almohadas.

Lo maravilloso que puede llegar a ser un simple “hola”,  te destruye o te construye y, para mala suerte de muchos, las dos.

Me aventuro por mí y por ti. Me aventuro por los dos. Tengo miedo de que te des cuenta de quién eres para mí y entonces no voltees nunca más a mí.

Aquí hay espacio para dos, tres y hasta cinco, tomando en cuenta nuestros miedos y traumas, pero algo sí te prometo, juro pelear contra todos los monstruos que guardas por debajo de la cama.

Me gusta pensar que cuando te pienso me piensas.

También me gusta que te guste lo mucho que me gustas, así cómo también,  me gustas por ser imperfectamente perfecto para mí.

Quiero visitar todas las ciudades del mundo, pero todas las encuentro en tus piernas.

Quiero componerte cientos de canciones, pero las mejores canciones siempre son mis silencios.

Quiero quererte y que me quieras como quiero y, entonces, querernos como nunca nadie nos ha querido.

Tu sonrisa es un buen lugar para vivir. Tu boca es un buen lugar para caer. Tu cuerpo es un buen lugar para aterrizar. Firme. De golpe y sin regreso.

No te estaba buscando, pero te encontré.

Dejarte ir sería el peor de los pecados.

Contigo he visitado ese cielo que prometen muchos, he parado el tiempo con una sola sonrisa, he sentido lo que hace tiempo no sentía.

Quédate conmigo, yo me quedé contigo desde antes de conocerte.

Quédate conmigo, aquí en mi futuro.

Quédate cómo quieras, pero quédate. Y si te vas, llévame contigo, a donde sea, con quien sea, pero contigo.

Hay personas que cuando hablan dan ganas de cerrar los ojos para escucharles por siempre.

Hay personas que cuando sonríen dan ganas de tomarles la mano y hacerles un futuro y, claro también, hay personas que por el simple hecho de existir, no queda otra más que amarles.

Tú eres esa y todas las personas.

0 notas

Unas bicis particulares que me encontré en Brujas, Bélgica.

Muchas bicis muchas veces: Algo que siempre me ha llamado mucho la atención de las ciudades europeas es la cantidad de bicicletas que hay por las calles.

Las hay para todo tipo, y si no, observen; que tengas niños pequeños no quiere decir que renuncies a la bici!

0 notas

Tú sonríes con las manos y dibujas una casa.

Donde ya no cabe más nosotros, donde acaricias mi espalda y me invitas a celebrar el presente mientras se cae a pedazos.

Hay sonrisas que pueden abrir cajas fuertes. La tuya no es una de ellas.

—¡Cierren puertas! ¡Ventanas! ¡Corran! No, no. No empujen –Jalen–, la salida de emergencia se encuentra detrás de la fortaleza de osos de peluche, debajo de las de sábanas.¡Esto no es un simulacro! Repito, ¡esto NO es un simulacro!

Tu sonrisa advierte un huracán de agua cálida que viaja desde kilómetros y kilómetros atrás, tal vez años, o hasta siglos en dirección a… mis ojos, y que espera cauteloso la luz verde.

Irónico, ventajoso, sin prisa, confiado, contando los segundos que casi siempre son 7 como quien encuentra un semáforo en ámbar y decide no pasárselo.

Bien vale la pena lo que hay después del verde como para no pasar y charlar un rato con Miss Red Light, al fin y al cabo no es más que una torturante pero pobre prisionera acorralada, cuyo destino verdusco ya conocemos todos.

Y yo mordiéndome el labio inferior, las uñas, las entrañas, apretando los dientes.

Y con los ojos inmensos, que aunque siempre han sido más bien café de pronto parecen 2 esmeraldas resplandecientes que gritan ¡SIGA!

—¡Hola, Señora Súper Big Tormenta! ¡Qué milagro que nos visita! Pero pase, pase, no se quede ahí paradota. Estoy listo para dejar entrar al lobo feroz y hacer la peor negociación de mi vida como las últimas –Ya perdí la cuenta– veces.

Por cierto, ¿notó lo frágil que es la estructura de mi casa?

La construí con palillos, ¡qué digo palillos! Barajas, sólo para usted… Sólo por hoy –Y los siguientes 65 mil años– ALL-ACCESS. (Boletos en ticket master, dentro de las papitas, en la caja de cereal, debajo de la almohada o en el fondo de tu bota) N.N.R.D.A (NO nos reservamos el derecho de admisión¿Para qué tomarnos la molestia?).

¡SÍ CÓMO NO! ¡TOMA!

—Disculpe el portazo, es sólo parte de una serie de procedimientos de rutina, espero no haberle roto (mucho) la nariz pero… ¡LARGO DE AQUÍ!

Tú sonríes con las manos, y dibujas con los dedos una casa donde ya no cabe más nosotros, donde acaricias mi espalda y me invitas a celebrar el presente mientras se cae a pedazos.

Y yo aplazando lo inevitable en espera de un milagro.

Tu sonrisa llega y se estrella en mis pupilas ferozmente y su agua escurridiza lo revuelve todo, pero no se lleva nada.

Y yo con ganas de entregarlo todo.

Tú sonríes todo aquello que pronunciar sería impensable.

Sonríes con las manos, y dibujas una casa, donde cierro ventanas, aseguro puertas y me enrosco en las sábanas.

Donde nunca entras tú, donde estás sin estar.

0 notas

Cartas no entregadas. Carta Nº 15. Destinatario: “B”

Hasta que conocernos nos separe.

143 Días: A mitad de camino me di cuenta que eras parte de mi equipaje.

Te escribo desde lo más profundo de mi “No sé qué escribir”… Te escribo a ti, nos escribo a nosotros.

¡Ah! Casi lo olvido… ¡Mira! Te mando también una postal desde algún lugar del mundo en el que jamás estuvimos juntos, donde mi mano tomó la tuya infinidad de inexistentes veces.

¿Has notado cómo me encanta hacer esto tan interactivo?

Casi puedo escuchar el suave shsstído de tus labios separándose y dibujando una sonrisa de lo más inesperada.

Susurrar una que otra vez. Leer partes en voz alta, contestar preguntas que no te estoy haciendo y enseguida voltear a verificar si nadie te está observando como una especie de extraña criatura que habla con exactamente nadie frente al monitor.

Aquí no me quedan escondites; aquí no puedo culpar a las paredes, a las cortinas, a las banquetas, ni siquiera a ese viejo sillón que no es tan viejo pero tal vez, para cuando por fin termine de escribir esto, lo sea.

Tampoco puedo –aunque quisiera– culpar a esas fotos colgadas en la pared, donde no existimos, donde no es tu hombro en el que descansa mi cabeza ni mi mano la que se cruza por tu cuello para alcanzar tu oreja izquierda.

Ni culpar a estas almohadas extranjeras de camas muy lejanas por quedarse con fracciones de ti. No hace falta fabricar más recuerdos ni buscar los rastros de nosotros que dejé por aquí y por allá por si acaso me daba por volver a casa.

Aquí no me quedan más excusas ¡Estoy desarmado!

Confieso que vine hasta aquí a buscarte pero a mitad de camino me di cuenta que eras parte de mi equipaje. Y ahora puedes verme ¿me lees? ¡Vine a esconderme!

Nunca he sido una de esas personas que llevan tan a flor de piel sus sentimientos, como un distintivo o un vistoso accesorio que se enorgullecen de portar por todos lados. Que pueden gritar: “Siento esto”, “pienso esto”, “quiero esto”, “detesto lo otro”, “Te quiero a ti”, “A ti no”, “A ti solía quererte y a ti te estoy queriendo sin querer”, “Eres tú”.

Yo nunca sé lo que quiero decir, un momento quiero esto, al otro aquello y antes de poder concertarlo ya no quiero nada ¿ves? Ahora te quiero, ahora ya no ¡Tarán!

Confundo el amor con casi cualquier cosa, aunque a mi más bien me gusta pensar que convierto en amor casi cualquier cosa. 

Desde la inocencia de la incertidumbre hasta una risa malvada ¿Cómo no va a haber amor en aquella risa tan malvada? Si las cosas más oscuras surgen de lo más profundo de nuestro ser, donde los sentimientos se intensifican de tal forma que se funden y se convierten en uno solo.

Amor, odio, lástima, admiración, indiferencia, miedo.

Miedo.

Mucho miedo.

Poco miedo.

En resumen, solo miedo…

Me enamoro de las cosas más simples para sazonarlas de agridulce complejidad, me enamoro de todo aquello que no fue, que no es, lo recreo en mi mente una y mil veces. Lo reinvento y lo mantengo perfecto.

Perfecto y lejano.

Poco a poco me voy apropiando de todas sus posibilidades, ¡Cuánta libertad! mandar al destino (para no decir “a la mierda”) al asiento de atrás y  decirle:  “¡Hey, mira a la ventana y ve cómo trazo mi propia ruta aunque tú me hagas garabatos en el vidrio empañado, me frunzas el ceño y me tuerzas la boca. P.D. No olvides el cinturón de seguridad que seguro nos vamos a estrellar!”.

 Existen personas que son escondites de nosotros mismos ¿Te has topado con alguna de ellas? (No contestes).

Son refugios, cuevas hechas de sábanas suaves pero a prueba de todo, y cuando están cerca nos sentimos tan cómodos de no encontrarnos ahí, con nuestras caras largas, con nuestras sonrisas cansadas.

Cuando menos lo esperas te descubres haciendo planes mentales para quedarte ahí permanentemente, porque ahí puedes ser lo que quieras y al mismo tiempo no necesitas ser nada, puedes ocultarte de ti y créeme, la mayoría de las veces no te extrañas ni poquito.

Afortunadamente no soy de esos pseudo-analistas compulsivos obsesionados con saber quiénes son.

A mi me importa un carajo saber quién soy.

No tengo el disgusto de conocerme, diría yo.

Claro que he escuchado esa teoría que sugiere que tal vez tenga miedo de encontrarme dentro de mí un mounstruo gigantesco que es malo pero se alimenta de helado napolitano y autocompasión y prefiera no verlo. Pero no saber quién soy me da la oportunidad de ser quien quiera ser, es como…hacer casting para la película de mi vida y — Chin – “Oops, I did it again” quedarme con todos los papeles — ¡Gracias por participar! No nos llamen, nosotros los llamamos—. Porque… ¿A quién le importa? Es mi película, Es mi, mi, MI historia.

Yo soy el villano, el príncipe heredero, el detective, el sapo, el árbol, el peatón 1, 2 y 3, el narrador, el panadero, el mayordomo, el guionista ¿y porqué no? ¡Hasta mi propio fucking príncipe o princesa esperando ser rescatado o rescatada de la torre donde fue al exilio por su propio padre…¡Ah! y my own personal Batman, ¡carajo!

Has de estar preguntándote qué tiene que ver todo esto con todo aquello.

La respuesta es ¡No lo sé! creo que en algún momento, todas estas palabras tuvieron un punto del cual obviamente me desvié sólo para sorpresivamente mostrarte que — ¡chaca-cha-cán! — al final todo vuelve a encajar perfecto (creo).

What can I say? entre todo lo que soy, también soy presumido, y eso de envolverte, enredarte y luego dejarte tirado y confundido en la banqueta sólo para después regresar a salvarte se me da estupendamente.

No me conozco ni yo, por lo tanto no me interesa conocerte a ti.

No me importa tener que avalar lo que siento por ti con largas conversas y discursos donde intercambiemos información básica y alguna no tan básica por horas, días o años.

Puedo quererte sin conocerte porque para mi, querer es algo muy simple.

Lee bien: Muy simple.

En cambio, conocerte es algo muy complicado.

El corazón y la razón. El querer o el pensar. Son dos vecinas peleadas, insoportablemente cercanas y abismalmente distintas.

Quererte, querer así nada más; es una montaña rusa.

Conocerte para respaldar un sentimiento es subirme a un aburrido carrusel del cual — aunque sea mucho más seguro — sé que pronto bajaré decepcionado.

¿Sabes cuánto tiempo tienen mis sentimientos siendo este triste y desordenado borrador que nunca califica para convertirse en algo más?

Creo en el amor en todas su presentaciones, puedo amar algo una y 382mil veces sin tener que ponerlo bajo un reflector.

Puedo enamorarme de formas sin forma, de imágenes borrosas, de recuerdos distorsionados.

Puedo aprovechar la confusión y quererte desde aquí y por ratitos toda la vida. Quererte por las razones equivocadas.

¿Amor a primera vista? ¡No, no! incluso antes de eso, desde aquel momento fugaz en el que cruzas mi mente.

Perfecto, usando la ropa que yo en mi cabeza te elegí, incluyendo tus calcetines a rayas multicolores, tus camisetas verdes y tus gafas de sol tornasoladas; susurrando las palabras que yo quiero que susurres.

Puedo amarte desde un sueño, desde esta irrealidad.

Hasta que conocernos nos separe.

Quiero hablar contigo. O sea hablar, sin que corras. Simplemente hablar. Que se nos atraganten las lenguas con el silencio. Así. Diciendo mucho y entendiendo poco, pero eso sí, imaginando siempre de más. Con la frontera en la frente y con un pase de abordar prendado en mano.

¡Veámonos! como se ven los humanos comunes y corrientes. Los que siempre quisimos ser y nunca se nos fue permitido.

Óyeme no con los ojos, ni con las manos. Óyeme como solo tú sabes, con el calor, con el sol, con la noche, con la guarida. Óyeme pero óyeme de a deveras, llegando a lo físico, a la barato, a la superfluo, a lo banal.

Búscame, aquí te dejo mis coordenadas: Estoy en un lugar que siempre ha estado vacío, donde nadie más puede entrar, ni siquiera yo.